Ahora, que he recuperado la voz y que mi cerebro ha tenido el tiempo necesario para procesar lo acontecido, toca relatar y revivir la victoria en Cornellà...
RCD Espanyol 1 - LEVANTE UD 2

Quico Catalán, el presidente del club, y Alberto Gil también hablaron conmigo y allí en el vestidor del hotel me invitaron a vivir el partido en el palco. Habría sido un gran honor. Representar al Levante al lado de unos auténticos señores como son las personas ya nombradas. Pero al otro lado me dijeron que tendría que tapar la camiseta que llevaba o cambiar de ropa, y claro tampoco podía llevar la bufanda del Levante. Ya sabía que tampoco podría celebrar los goles porque esto reflejaría mal al Levante y la tradición. En fin, no podía hacerlo. Con todo el respeto y agradecimiento, venir desde 8,000 kilómetros para sentarme tranquilo y callado habría sido una prisión. Tenía tantas ganas de apoyar al equipo y vivir el partido. Mirando atrás, no tengo ni idea cómo habría cumplido con las normas tradicionales dado lo que sucedería en el terreno de juego. Seguramente no habría podido contenerme.


De la segunda parte, destacan los goles. El 1-1 era una injusticia. Era el único tiro a puerta del Espanyol en todo el partido. Obviamente, Cornellà se despertó y vino arriba. Parecía que íbamos a sufrir. Yo tenía claro que hasta un punto sería importante, algo más para la permanencia, un punto importante para romper la racha. Intentaba convencerme de esto y contentarme con el empate pero no pudo de todo. El empate dejaba un mal sabor de poco. Nosotros habíamos hecho los méritos para ganar y merecimos ganar...
Gracias a Dios, Rubén Suarez juega en el Levante. Parecía que su entrada al partido se produjo demasiado tarde y, sin embargo, entró en el momento perfecto (Muy bien, JIM). Nos aporta toque y control y a lo mejor el último pase. Todas las cosas que necesitábamos para volver a ponernos adelante. Ah, y también nos aporta golazos de falta...
Oscar Serrano es derribado cerca de la área grande pero en una posición que no facilita el tiro directo. Farinós se acerca pero Rubén le manda a coger amapolas. Joder... ¡Va a intentarlo! "
¡Tú puedes, Rubén, tú puedes!" le animaba mi madrina. Yo también estaba convencido porque la situación me recordaba aquel tiro ante el Cartagena de una posición muy similar y que aunque no entró, por milagro, Robusté terminó mandando la pelota adentro. ¡¡¡VAMOS, RUBÉN!!! No respiraba durante un tiempo a la espera del tiro.... y GOOOOOOOOOOOOLLLLLLLL!!!!!!!!!!!!!! ¡¡¡VAMOS!!! Empezaba a dar saltos y a gritar como un loco. ¡HABÍA ENTRADO! No lo podía creer. Parecía que iba fuera pero entró ante la mirada fija y indefensa del portero contrario. No podía contenerme. Los 90 minutos de tensión y sufrimiento se convirtieron en una celebración eufórica. Cantamos un victorioso "Vamos mi Levante". El Estadio Cornellà-El Prat se vació.
La victoria estaba tan cerca pero parecía que nos separaba una eternidad. Me gustaría ver una retransmisión del partido para asegurarme de que no pasó una barbaridad de tiempo en el descuento, porque me parecía que pasaban una eternidad. Dentro de poco, y con todo el convencimiento, me pareció que ya habían acabado los minutos añadidos. "¡PITA YA, ÁRBITRO!" exclamé con todas mis fuerzas. Cornellà era una tumba ya. Después de sufrir por 90 minutos, escuchando sus pitos y reclamos al árbitro, después de verles condicionar al árbitro durante todo el partido, por fin era mi turno. "¡PITA YA, PITA YA! ¡PITA YA, ÁRBITRO! ¡¡PITA YA!!". Tenía que haberlo gritado unas 20 veces. Medio Cornellà se dio la vuelta y miró arriba para mandarme a callar. No le hizo caso. Seguía gritando como un auténtico loco. "¡PITA YA ÁRBITRO!" ¡¡¡POR FIN, EL ÁRBITRO ME HIZO CASO Y PITÓ EL FINAL!!! Ya podía celebrar con tranquilidad el logro impresionante de los nuestros. Después de la piña del equipo, algunos jugadores se acercaron a nuestra sección. Algunos, como los medios no sabían que estábamos allí. Estanis y Ballesteros eran los únicos que nos vieron. Nos saludaron y nos aplaudieron. ¡Que grandes!
Oscar Serrano es derribado cerca de la área grande pero en una posición que no facilita el tiro directo. Farinós se acerca pero Rubén le manda a coger amapolas. Joder... ¡Va a intentarlo! "
¡Tú puedes, Rubén, tú puedes!" le animaba mi madrina. Yo también estaba convencido porque la situación me recordaba aquel tiro ante el Cartagena de una posición muy similar y que aunque no entró, por milagro, Robusté terminó mandando la pelota adentro. ¡¡¡VAMOS, RUBÉN!!! No respiraba durante un tiempo a la espera del tiro.... y GOOOOOOOOOOOOLLLLLLLL!!!!!!!!!!!!!! ¡¡¡VAMOS!!! Empezaba a dar saltos y a gritar como un loco. ¡HABÍA ENTRADO! No lo podía creer. Parecía que iba fuera pero entró ante la mirada fija y indefensa del portero contrario. No podía contenerme. Los 90 minutos de tensión y sufrimiento se convirtieron en una celebración eufórica. Cantamos un victorioso "Vamos mi Levante". El Estadio Cornellà-El Prat se vació.
La victoria estaba tan cerca pero parecía que nos separaba una eternidad. Me gustaría ver una retransmisión del partido para asegurarme de que no pasó una barbaridad de tiempo en el descuento, porque me parecía que pasaban una eternidad. Dentro de poco, y con todo el convencimiento, me pareció que ya habían acabado los minutos añadidos. "¡PITA YA, ÁRBITRO!" exclamé con todas mis fuerzas. Cornellà era una tumba ya. Después de sufrir por 90 minutos, escuchando sus pitos y reclamos al árbitro, después de verles condicionar al árbitro durante todo el partido, por fin era mi turno. "¡PITA YA, PITA YA! ¡PITA YA, ÁRBITRO! ¡¡PITA YA!!". Tenía que haberlo gritado unas 20 veces. Medio Cornellà se dio la vuelta y miró arriba para mandarme a callar. No le hizo caso. Seguía gritando como un auténtico loco. "¡PITA YA ÁRBITRO!" ¡¡¡POR FIN, EL ÁRBITRO ME HIZO CASO Y PITÓ EL FINAL!!! Ya podía celebrar con tranquilidad el logro impresionante de los nuestros. Después de la piña del equipo, algunos jugadores se acercaron a nuestra sección. Algunos, como los medios no sabían que estábamos allí. Estanis y Ballesteros eran los únicos que nos vieron. Nos saludaron y nos aplaudieron. ¡Que grandes!
Aquella noche sentía una alegría incontenible. Ni el hecho de que el autobús salió en la dirección opuesta (sin pasar por donde les esperábamos para despedirles) podía acabar con la alegría. Volvimos al hotel para pasar la noche y no sé cómo logré dormir después de todo lo que había vivido, quizás fue la tranquilidad de que el Levante estuviera en puestos de Champions de nuevo. De todas formas, el descanso me venía muy bien porque el próximo día tocaba levantarnos pronto para volver al Nazaret a las 12:00 y animar a las chicas, quienes, por cierto, nos dieron una prolongación de la alegría de la noche anterior. ¡Que grandes sois! 2-1 al Málaga con un remate de corner en la última jugada.

¡Gracias Levante por darnos una alegría tan profunda y el perfecto fin de semana!

¡Gracias Levante por darnos una alegría tan profunda y el perfecto fin de semana!
que crack! con tu llegada volvio el buen equipo pese al tropiezo contra el rayo! ojasla puedas volver pronto y ver al levante muchos años en primera. USA es granota!
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